Viene y va.

Y como viene, se va.

Cuando duerme. Cuando respira. Solo a veces. Monstruos que me duermen. Grito sin querer que me oigan. Sin saber qué decir, sin saber qué me pueden dar. Que sales bien y la mirada te delata. Lectores de almas que tardarán poco en irse. Utopías desencajadas, deshaciéndose poco a poco. Cicatrices incurables, supongo. 

Pero como viene, se va. Como viene, se va. Hasta que se quede.

Cuando todo importa

Ya ni quieres mirarme, ni una noche más. Demos puerta. Que caiga la gravedad. Desata mis piernas. Átate las ganas. Descorchando lágrimas en tu pedestal. Trátame como no hecho, un no posible, un milagro. Un beso, un imposible, un que te odie. Tanto. Que va y viene, según lo llames. ¿Y su nombre? A veces cara, a veces cruz. Creeré si dices que no eres tú. Difíciles mentiras, soeces pensamientos. Aquí seguiré, en mí ando. ¿Tú? Seguirías fingiendo. Que no entro en tus planes. Que comience la lucha de titanes.

Torpes

Hay ciclones que pasan y parecen huracanes, otras tantas nos preocupamos por un quién sabe. Y agotarnos hasta bailar, despertamos descansados de nuestros defectos. Que mirarnos al espejo no sea una rutina al apartar la mirada. A apartarnos. Expertos graduados. Antisociales por correspondencia. Cartas al futuro sin saber arrepentirnos. Estamparnos con la pared por si algún día nos rompemos o nos entregan un premio. Reconocimiento de lo imposible, abrazamos nuestros deseos, nuestros te quieres, nuestros imperdibles.

“Nadie nos oye mientras nos consumimos, si siempre fuimos torpes… y los mejores.”

Dí mi nombre

El vino en la copa y las gracias susurradas, mojarte los labios y quedarte las ganas, amanecer a solas y vacías nuestras camas, publicaciones a ciegas y respiraciones agitadas, leer cuentos y no creer en las hadas, recordar nuestros tiempos y no sentir nada, creer las historias que tú me contabas, tener miedo a lo que pueda pasar mañana, deambular entre circos y conversaciones vagas, dejar de mirarnos y quitarnos las máscaras, acariciar la arena por donde andabas, estructurarnos la vida entorno a palabras llanas, monotonía de edificios y calles aglomeradas, sabiendo que este no es tu sitio, que te encanta lo prohibido, y estando en esta encrucijada, ya no soy quien tú pensabas. 

Hielo si hiero

No hablaremos el mismo idioma, nuestros horóscopos serán totalmente contrarios, nuestros gustos son tan variopintos que nos queman, nos volvemos locos con nuestros horarios y las lágrimas se traducen en un sociable estado de coma. Y aún así.

Y ya solo me quedan tus pensamientos, lo que digan, el realismo de la música y los sentimientos que afloran, que provocan, que destrozan, que reviven, que aminoran. Sé tu, que pareces tonta. Que pierdes el equilibrio aun teniendo una mano que te sostiene. Inquietudes que vislumbro, miradas que dibujo cuando me quedo sin ganas.

Olvídate de mí. Hiéreme contigo. Que me abrace el precipicio.

Congélame de ti.

Dioses.

Y es que lo mío ya no es mala suerte. Ni buena. La suerte desapareció, como vuelan las mejores pesadillas. Esas en las que no me tienes y en las que yo te recuerdo, como un algoritmo indescifrable que en el último momento supe resolver. Y que no estábamos hechos, que aún nos quedaban pendientes los asuntos que no nos queríamos contar. Éramos tan nuestros que cada vez éramos aquellos: aquellos que vivían del recuerdo más que la vida, más el miedo que el sueño y más la muerte que el día a día. 

Y yo lo siento, de verdad, lo siento dentro y fuera, por eso soy mudo. Nudos que me impiden quitarme la venda, que ya no me daba cuenta de los días sin ti. Y aunque no estés aquí, lo nuestro ya no tiene solución, improvisábamos el guión y así nos ha ido, que al borde del precipicio, nos dispusimos a saltar. 

Y solo entonces nos sentimos dioses. Solo entonces nos sentimos vivos. 

Vestigio

No tengas miedo. Aunque no creas en el amor, en las personas, o en mi, estoy seguro que crees en las huellas que dejamos en nuestro camino, en las que dejarás tú mismo en las de alguien. Aunque no tengas una filosofía y estés un poco perdido, entiende que no hay noche sin que haya día. Y debes usarlo a tu favor, intentar que esas huellas, sin saber de qué están hechas, permanezcan para demostrar tu valor. 

Y que nadie diga ni pío. Eres tú el que escoge, y no el elegido. Cuantos más precipicios saltes, menos temor a los peligros, a los problemas, a las discusiones, a las rayadas… que de eso, nunca falta. Y aunque me añores, no me dices buenas noches. Por eso te recuerdo como un vestigio del presente, un fantasma fuerte que me deja sin equilibrio. 

Megustasendiferido.

A pesar de todos tus esfuerzos, y a pesar de los míos, no dejamos que el hilo se rompa. Nuestros subconscientes no dejan de apuñalarse cada vez que nos vemos, como tampoco nuestras almas. Nos dejamos ir, queriendo ser (y siendo) tan optimistas de que algún día volveremos a encontrarnos. Somos así, y no queremos cambiar. No estaba preparado para gritar. Y el tiempo iba en mi contra. Porque no eres yo. Y mordernos sin aliento, que pase noviembre pero que no nos llegue enero. No queremos fantasmas, aunque tú seas mi preferido. No queremos querernos, nos gustan los desafíos. No quiero escucharte, me gustas en diferido.

Excepciones.

Sé que no te gusto. Al menos, lo relativo a mis cosas. Que no decore la habitación, que no tenga la decencia de mirarme más de 3 segundos al espejo o, entre otras, que no me gusten las celebraciones de ningún tipo… Salvo excepciones, claro. Porque han sido tantas veces las que me han llamado que, de verdad, no me gustan las terrazas, los patios, los sitios llenos de felicidad. Y aún así, me encantan Madrid, Barcelona, Berlín…  Y a excepción de todo, no tolero muchas cosas. Soy una persona un tanto peculiar, ya te irás dando cuenta. Sobre todo, cuando me quedo pensando. No se lo suficiente. Tampoco sé si quiero. Y aunque no quede tierra, andamos por el agua; a veces querías ser mi amiga, y el resto del tiempo yo lo perdía pensando que allí algo cambiaría y aunque prefiero una llamada a veces, hoy no se lo que necesito, lo que quiero o lo que debo. Y ya.

Aunqueelkarmanomeloestáponiendofácil.

Locos de atar

No es lo que parece. Dirán que estamos locos, locos de atar. Y para qué quiero yo atarme, con lo que me gusta la gravedad. Que con su ayuda encuentro antes la aguja que el pajar. Ni todo fue amor, aunque parecía con vida. Solo quiero que te decidas por el vestido, antes de que desaparezcas y después de haberte ido. Que nadie nos hizo jurar, ni por Dios ni con nuestros meñiques, pero era nuestra costumbre querer y estar alejados del mundo, en nuestra cumbre de recuerdos y chismes, de nuestras risas, que eran tuyas, y de perdernos en los ojos del otro, porque disfrutaba con la idea de que no nos encontraran.

Al fin y al cabo, los locos eramos nosotros. Y no vivíamos al límite del acantilado, lo recorríamos de arriba a abajo. Y aunque la arena estuviera fría cada mañana, su roce me apartaba de la cabeza cualquier pensamiento negativo. Como que me salvaba un poco más de mí. Porque, en el fondo, sabíamos que no podía.

Y ahora que recuerdo, elegiste tu vestido verde esmeralda…